Tratado de no agresión entre el Tercer Reich y la URSS: La diplomacia y la inteligencia en el debilitamiento del Ejercito Rojo
Los lineamientos generales de la política exterior soviética fueron perfilados por Vladimir Illich Ulianov “Lenin” con el Decreto de Paz, adoptado por el Segundo Congreso de los Soviets en noviembre de 1917, en el que pide a los países beligerantes de la I Guerra Mundial «la firma de una paz justa y sin anexiones ni indemnizaciones», hecho sin precedentes en la historia de la humanidad.
Esto creó una dualidad en la política exterior soviética al no poder integrar el internacionalismo proletario que busca la lucha justa de los pueblos por rebelarse y acabar con el Estado-Burgués, con la coexistencia pacifica entre Estados.
Durante el período de la III Internacional Comunista, los soviéticos liderados en el frente diplomático por León Trotsky intentaron exportar la revolución, hasta el fracaso soviético en la guerra Polaco-Soviética de 1921, el cual para el historiador A. Taylor «determinó en gran medida el curso de la historia europea durante los próximos veinte años o más. Indeclarada y casi inconscientemente, los líderes soviéticos abandonaron la causa de la revolución internacional.» (Suny, Davies, 1972)
Desde ese momento una política de coexistencia pacífica y reconocimiento de la URSS por parte de otros Estados empezó a ganar terreno, liderada por el Canciller soviético Georgi Chicherin. Dicho lineamiento se ve ejemplificado en el «Tratado de Rapallo» entre la RSFS de Rusia y Alemania, en el que ambos países establecieron relaciones diplomáticas, renunciaron a toda reparación de guerra y se comprometieron a desarrollar la cooperación económica. Alemania renunció también a los créditos contra Rusia. El Tratado puso fin al aislamiento de ambos países y constituyó un serio fracaso diplomático para las potencias de la época: Francia y Gran Bretaña. Una cláusula secreta permitió a Alemania entrenar a sus tropas en el territorio soviético y construir en Rusia las armas prohibidas por el «Tratado de Versalles».
Posterior a la invasión japonesa a Manchuria, los soviéticos dirigidos en el frente diplomático por Maxim Litvinov, se abocaron a realizar alianzas con los países occidentales para promover un «Plan de seguridad colectiva» mediante alianzas con Francia y Checoslovaquia, con el fin de frenar una agresión imperialista. El plan antes mencionado no fue acompañado por la Liga de Naciones, teniendo como consecuencia la caída de la República española y el desmembramiento de Checoslovaquia en el «Acuerdo de Munich».
Los soviéticos reconocieron en ese momento que la Liga de Naciones no actuaría en caso de que Alemania atacase a la URSS, dado que tanto Gran Bretaña como Francia buscaban el estallido de un conflicto entre Alemania y la Unión Soviética que inevitablemente llevaría a su debilitamiento, y con ello a la recuperación de la posición de dominio de ingleses y franceses. En vista de esa situación, la Unión Soviética ya no buscaba la seguridad colectiva sino individual. Iósif Stalin, a través del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD por sus siglas en ruso), había sido informado por el espía alemán Richard Sorge desde Japón, y el judío-polaco Leopold Trepper desde Berlin, de que el ataque de las fuerzas del Eje a la URSS era inevitable. Así, Adolf Hitler declaraba a sus comandantes: «En el Este, la vastedad del espacio... permitirá una pérdida de territorio... sin sufrir un golpe mortal a las oportunidades de Alemania para sobrevivir. ¡No pasa lo mismo en el Oeste! Si el enemigo tiene éxito... vendrán consecuencias de proporciones catastróficas en muy poco tiempo» (Ambrose 2002).
Alemania estaba decidida a atacar Europa Occidental y Oriental, por lo que para Stalin se hacía necesario dilatar lo máximo posible el ataque hacía Oriente. Así, comenzó a buscar un acuerdo de no agresión con Alemania, que tenía como objetivo que Hitler dirigiera sus fuerzas primero hacía Gran Bretaña y Francia, lo cual, debilitaría a los tres y dejaría a la Unión Soviética en una posición de superioridad de cara a la futura e inevitable guerra germano-soviética.
Para que las negociaciones del pacto de no agresión tuvieran éxito, era necesario reemplazar al Canciller soviético Litvinov -de origen judío- y reestructurar la Cancillería organizada por Trotsky y compuesta por «viejos bolcheviques, mencheviques, revolucionarios intelectuales y judíos de naciones cosmopolitas»... quienes «fueron purgados por Stalin, remplazándolos por oficiales sin conocimientos ni experiencia» (Donaldson 1992). Al frente de la nueva Cancillería se situó Viacheslav Mólotov.
A Mólotov se le encargaron las negociaciones de lo que fue el «Tratado de no agresión entre el Tercer Reich y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas», firmado en Moscú por él mismo y Joachim von Ribbentrop el 23 de Agosto de 1939, que estuvo en vigencia durante 16 meses.
Durante estos meses la Alemania nazi invadió Polonia y Europa Occidental. Para entonces el Ejército Rojo era superior en soldados e infraestructura militar comparado con el ejercito alemán. Era por tanto, imperativo para Hitler, debilitar militarmente a la Unión Soviética desde dentro, a través de infiltraciones. Hitler aprovechó el ambiente del «Pacto de Amistad Nazi-Soviético» para alentar las purgas stalinistas al interior del Ejercito Rojo. La Gestapo realizó centenares de informes falsos de inteligencia sobre supuestas actividades saboteadoras de algunos comandantes soviéticos, a consecuencia de los cuales éstos fueron purgados por Stalin. Uno de ellos fue el Mariscal Mijaíl Tujachevski, desarrollador de la «Teoría de las Operaciones en Profundidad» y padre de la «Blitzkrieg», que el general alemán Heinz Guderian implementó posteriormente contra la URSS (Trepper, 1977).
De esta forma Hitler logró descabezar militarmente al Ejercito Rojo, debilitando fuertemente la capacidad defensiva de la Unión Soviética; una prueba de ello fue la Guerra de Invierno entre la URSS y Finlandia donde los soviéticos tuvieron 10 bajas por cada fines, según cifras declaradas por Nikita Jrushchov.
Después de haber infiltrado, desinformado y debilitado al Ejercito Rojo, aprovechándose del «Tratado de no agresión entre el Tercer Reich y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas», el 22 de junio de 1941 Alemania atacó a la Unión Soviética utilizando la técnica del «Blitzkrieg».
Bibliografía
- Ambrose, Stephen: El día D - La batalla culminante de la Segunda Guerra Mundial, Salvat, 2002.
- Davies, Norman, White Eagle: Red Star: the Polish-Soviet War, 1919–20, Pimlico, 2003, ISBN 0-7126-0694-7. New York, St. Martin's Press, inc., 1972. Page ix.
- Donaldson, Robert. Soviet Foreign Policy Since World War II (1992)
- Kliuchareva L. : Most significant Operations of the Great Patriotic War, Ria Novosti, 2005. Moscow, Russia. ISBN 5-902908-03-5
- Suny, Ronald Grigor. The Soviet Experiment: Russia, the USSR, and the Successor States. pp. 106. Oxford University Press. ed. ISBN 0-19-508105-6.
- Trepper, Leopold: The Great Game: Memoirs of the Spy Hitler Couldn't Silence (1977) ISBN-10: 0070651469








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